lunes, 18 de mayo de 2009

Diez plagas de la era de la información


Ya en 1934 en Ciencia, técnica y civilización Mumford dijo refiriéndose a las computadoras "La verdadera cuestión ante nosotros está ahí: ¿estos aparatos facilitarán la vida y mejorarán sus valores, o no?"


Pues bien, analizándolo desde el exterior, a vista de pájaro, claramente vemos que no todo son ventajas en el uso de las tecnologías ni todo son riesgos y problemas, y sobre todo nos damos cuenta de que ambos (ventajas y riesgos) deben ser bien identificados y tenidos en cuenta para, por un lado aprovechar todas las nuevas oportunidades que nos brindan y por otro saber los peligros que corremos por su mal uso para intentar paliarlos


Siguiendo la guía del profesor Shneiderman en "Designing the User Interface: Strategies for Effective Human-Computer Interaction", se identifican las 10 siguientes plagas entendidas como riesgos del uso de las TIC:


  • Ansiedad: Muchas personas sufren ansiedad con el uso de las máquinas e intentan evitarlas, principalmente por el miedo a romper algo, perder el control, miedo a parecer incompetente así como temor a hacer frente a algo nuevo.

  • Alienación: A medida que las personas pasan más tiempo usando las computadoras pueden sentirse menos vinculadas a otras personas. Es típico el ejemplo cinematográfico del informático introvertido, aislado y con limitadas aptitudes sociales, que si bien es una parodia exagerada en algunos casos (en otros queda superada con creces por la realidad), no deja de basarse en un rasgo idiosicrático y comportamental de estos grupos.

  • Minorías pobres en información: Las personas que no dominan las computadoras pueden tener una nueva razón para no tener éxito en los estudios o no encontrar trabajo, en lo que se conoce como brecha digital, produciéndose en este caso una discriminación de difícil superación.

  • Impotencia del individuo: Las organizaciones grandes pueden llegar a ser impersonales debido al coste de gestionar casos especiales. Los individuos a menudo chocan con una tecnología que en lugar de facilitarles les impiden tener un tratamiento y atención personal. Es el típico ejemplo de las operadoras de telefonía que incluyen, "para mejor atención del cliente", teconologías dirigidas a clasificar y redirigir las llamadas de los usuarios, tecnologías que la mayoría de las veces como mínimo resultan tediosas y dificultosas.

  • Complejidad y velocidad desconcertante: El torrente de nuevos paquetes software, dispositivos, servicios, opciones... hace que los usuarios queden abrumados. La velocidad domina, y parece que disponer del máximo de características es algo prefereible, o como mínimo deseable. La simplicidad es un principio simple pero ignorado demasiado a menudo. El mejor ejemplo son los teléfonos móviles, con tantas características que resulta difícil hablar con ellos, función para la que fuero concebidos.

  • Fragilidad organizacional: Cuanto más dependiente es una organización de la tecnología más fágil se hace debido a caídas electrónicas o ataques de virus informáticos. Cualquiera que esté leyendo esto sabe los problemas que causa el virus de moda en una organización, hasta el punto muchas veces de tener un apartado propio en las noticias.

  • Invasión de la privacidad: La concentración de información y la existencia de potentes sistemas de obtención de información hacen posible violar la privacidad de muchas personas rápida y fácilmente. Aunque si el sistema informático está bien diseñado es más seguro, robusto y fiable que su equivalente físico (por ejemplo, los archivadores en papel), la realidad no suele ser así principalmente por los costes que implica, aunque erróneamente no se valoran los costes de oportunidad y de riesgo asociado.

  • Desempleo y reemplazo: A medida que la automatización se extiende, la productividad y el empleo global pueden incrementarse, pero algunos trabajos pueden hacerse menos valiosos o ser eliminados. El reciclaje puede ayudar a algunos empleados, aunque otros tendrán patrones de trabajo de toda una vida difícilmente reemplazables. Esta automatización puede afectar desde oficinistas (pe. facturación) hasta directores de banco (pe. sistemas expertos para conceder/denegar préstamos). En este punto quiero hacer un apunte personal en contra de quienes piensan que esto es culpa exclusiva de la tecnología para señalar que más bien es de la falta del valor competencial del autoaprendizaje y el acomodamiento en la zona de confort de cada cual, y personas muy cercanas a mi, que a priori se clasificarían en este grupo, me han demostrado que al superación y la mejora profesional y técnica es posible sólo con unas pocas ganas de trabajar.

  • Falta de responsabilidad profesional: Las organizaciones anónimas pueden responder de forma impersonal a los problemas o rechazar su responsabilidad sobre ellos. La complejidad de la tecnología y de las organizaciones proporciona abundantes oportunidades a los malos empleados de echar la culpa a otros o a la computadora. ¿Cuántos de nosotros hemos oido que no nos pagan una factura pendiente porque han tenido problemas con el el sistema informático? No señores, no son los sistemas informáticos los que fallan, somos las personas y sobre todo los "caraduras" que se excusan en ellos.

  • Deterioro de la imagen de las personas: Aquí el profesor Shneiderman afirma que la presencia de terminales inteligentes y sistemas expertos deteriora la imagen que tenemos de las personas, asombrándonos de las nuevas capacidades de las máquinas y dejando de hacerlo de las habilidades humanas, la naturaleza generativa o creativa de la vida diaris, el lado emocional o pasional del esfuerzo humano, y la imaginiación idiosincrásica de cada niño. Yo personalmente opino que la IA y los SE no son sino una sorprendente obra más de toda esa capacidad humana de crear e innovar, y que cuando nos maravillamos frente a una "máquina inteligente" no lo hacemos tanto por esa máquina sino cuanto por la autocomplacencia como creadores de la misma.


No existe ninguna panacea para evitar y/o corregir las diez plagas, pero sí actitudes e intenciones para reducirlas. En el libro de Shneiderman se dan algunas de ellas y en algún otro artículo las trataremos, pero una de las consideraciones más importantes es la de tratar la tecnología como lo que es, ni más, ni menos, y para lo que es, para facilitarnos la vida, no para sufrirla. Y aquí es dónde nos volvemos a hacer la pregunta de Mumford: "¿estos aparatos facilitarán la vida y mejorarán sus valores, o no?"


Yo creo que esta cuestión depende de nosotros, no de los aparatos.

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